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La sombra del Teide


En esta segunda entrada del blog vamos a seguir por encima de las nubes. Os quiero mostrar un fenómeno único, que sólo se puede observar desde las cumbres de Tenerife: la sombra del Teide proyectada sobre la atmósfera o sobre las nubes. 

Supongo que todo el mundo sabe que el Teide es la montaña más alta de España: alcanza los 3.718 metros de altitud. Se trata de un volcán situado en la isla de Tenerife, rodeado por una impresionante caldera conocida como las “Cañadas del Teide”. El valor paisajístico de su entorno es enorme, lo que le supuso la consideración de Parque Nacional en los años 50 del siglo pasado. En el 2007 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y es un lugar de gran interés científico por lo singular de su geología y su ecología, entre otros aspectos.

Vista de las Cañadas del Teide desde el espacio.
Créditos de la foto aquí

Antes de seguir podemos plantearnos una pregunta: ¿guarda alguna relación la observación de sombras con la meteorología? Para responderla tenemos que consultar el Atlas de Nubes y Meteoros de la Organización Meteorológica Mundial; en él existe un apartado reservado para los fotometeoros, definidos como “aquellos fenómenos luminosos producidos por la reflexión, refracción, difracción o interferencia de la luz proveniente del Sol o de la Luna”. Y si seguimos al pie de la letra esta definición, ¿qué es una sombra sino una interferencia entre un objeto y la luz proveniente del Sol? Además, la OMM tiene una definición para la sombra: es la región que no puede alcanzar un tipo determinado de radiación porque no puede penetrar un objeto situado entre la región y la fuente de radiación. Y por si todo esto no fuera suficiente para responder a la pregunta, en el Atlas ya mencionado se tipifican algunos fotometeoros en los que las sombras tienen un protagonismo esencial, como es el caso de los rayos crepusculares, rayos anticrepusculares y sombras retroproyectadas. En futuras entradas del blog veremos ejemplos de todos ellos. Hoy nos vamos a centrar en observar la sombra del Teide. Guarde o no relación con la meteorología, es un fenómeno muy hermoso.

El volcán del Teide, o mejor dicho el conjunto Teide-Pico Viejo, se alza solitario más o menos en el centro geográfico de la isla de Tenerife y es, con mucho, la zona más elevada del archipiélago canario. Ese hecho, unido a su forma cónica, nos ofrece la oportunidad de observar la proyección de una sombra casi perfectamente triangular sobre la atmósfera y el océano en los amaneceres y atardeceres soleados, que suelen ser la mayoría en las zonas altas de Tenerife.

El volcán del Teide luciendo su manto invernal tras un temporal de nieve que afectó a las cumbres de Tenerife en enero del 2014. Puede observarse su forma cónica.


El Teide puede ascenderse a pie por varios senderos; uno de los más populares es el de Montaña Blanca, que atraviesa esta gigantesca acumulación de piedra pómez (en la fotografía superior es la zona ambombada que se observa justo en la parte inferior izquierda del Teide) para posteriormente serpentear por las faldas del Teide propiamente dicho. Si se toma este sendero al atardecer es muy fácil observar la sombra del pico proyectada hacia el Este, como en esta secuencia de imágenes que tomé el 24 de mayo de 2014. En la primera de ellas, la sombra se proyecta sobre la zona más oriental de la caldera de las Cañadas:

24 de mayo de 2014, 19:55 hora local.


Media hora después, la sombra se ha alargado y ya ha salido de las Cañadas. Ahora su parte terminal se proyecta sobre el mar de nubes situado al Este de Tenerife. Por cierto, no quiero dejar de señalar que la fotografía está sacada a más de 3.000 metros de altitud y en primer plano aparecen ejemplares de retama del Teide (Spartocytisus supranubius) en plena floración. Esta planta es una auténtica superviviente, como vimos en la primera entrada del blog:


24 de mayo de 2014, 20:25 hora local.


Esta fotografía está tomada quince minutos después que la anterior. La sombra ha seguido alargándose y ahora alcanza una segunda capa de nubosidad situada a mayor distancia. Los rótulos de la foto señalan la sombra del Teide y, justo encima, la presencia de un rayo anticrepuscular, que es ese canal oscuro que parte del vértice y se dirige hacia arriba a la derecha. Se forma al interferir la cima del pico con las últimas luces solares:

24 de mayo de 2014: 20:40


Ahora vamos a darle un poco de “zoom” a la foto anterior. Se observa mucho mejor cómo la sombra del Teide se proyecta sobre la zona de nubosidad más cercana a Tenerife, posteriormente sobre el mar y finalmente sobre esa zona de nubosidad ya reseñada que se encuentra a mayor distancia. También podemos ver el rayo anticrepuscular formado por la cima del Teide, así como otros rayos anticrepusculares más tenues (por ejemplo en la parte izquierda de la foto) debidos a la interferencia de la luz solar con nubes de tipo medio presentes en el cielo durante aquel atardecer:



La ascensión al pico del Teide a últimas horas de la tarde permite librarnos del calor reinante en las horas centrales del día. Además, puede pernoctarse en el refugio de Altavista (situado a más de 3.500 metros en la misma ladera del volcán) y madrugar para ascender hasta la cumbre y contemplar el amanecer desde allí. Así salía el sol desde el punto más alto de España el 25 de mayo:

25 de mayo de 2014, 7:05


Por supuesto, al amanecer también se puede disfrutar del grandioso espectáculo de la sombra del Teide proyectada, ahora mirando hacia el Oeste.
En este caso observamos dentro del óvalo la sombra perfectamente triangular del pico proyectada en la atmósfera. La luz es todavía demasiado tenue para que se pueda visualizar el fenómeno sobre las nubes: 

25 de mayo de 2014, 7:07. Mirando hacia el Oeste.


Esta foto que acabamos de ver muestra otro fenómeno curioso, y también relacionado con la sombra: ¿veis la zona oscura de color entre violeta y rosado que se extiende en el cielo a ambos lados de la sombra del Teide? Es un fenómeno atmosférico y tiene su propio nombre: el “cinturón de Venus”. Se llama así porque suele verse al atardecer coincidiendo muchas veces con la salida de este astro por el horizonte, aunque como se puede comprobar en esta imagen, es perfectamente visible también durante el amanecer. Podríamos definir este fenómeno como una “sombra telúrica”. Efectivamente, es la sombra de la superficie de nuestro planeta proyectada en la atmósfera.

Diez minutos después el Sol ya ilumina con más intensidad y tenemos una proyección “mixta”, sobre las nubes y sobre la atmósfera:

25 de mayo de 2014, 7:07. Mirando hacia el Oeste.


Hay que tener en cuenta, cuando decimos que la sombra se proyecta sobre la atmósfera, que esta capa que envuelve la corteza terrestre no sólo está formada por gases: en su composición se incluyen partículas sólidas de pequeño tamaño y aerosoles que actúan a modo de pantalla. Ellas son las que permiten realmente que la sombra se proyecte en la atmósfera.

Conforme el sol va ascendiendo por el horizonte, ocurre lo contrario que al atardecer: la sombra se va haciendo cada vez más corta. Poco después ya no se proyectaba sobre la atmósfera; lo hacía sobre el mar de nubes situado al Oeste de Tenerife:

25 de mayo de 2014, 7:39. Mirando hacia el Oeste.


Esta foto también recoge un fenómeno atmosférico singular. Ahora hay que fijarse en el ápice de la sombra. ¿Observáis una especie de anillo luminoso concéntrico al vértice?. Es un fotometeoro relativamente común en zonas altas, y se denomina “gloria” o “corona de Ulloa”. Se debe a la difracción de la luz solar por las gotitas de agua que forman una capa de nubes o un estrato de niebla. Por eso es más fácil verlo desde montañas, donde existen puntos situados a mayor altitud que las nubes o nieblas.

Aunque la sombra del Teide es espectacular por sus dimensiones y su forma triangular, no es el único accidente geográfico que la proyecta: ese mismo día 25 de mayo se podía observar desde su cima cómo las sombras de los riscos de las Cañadas del Teide descansaban sobre el lecho de estratocúmulos del mar de nubes:

Riscos occidentales de las Cañadas de Teide. 25 de mayo de 2014, 7:48.

Hemos visto ya algún ejemplo de la sombra del Teide proyectada sobre la atmósfera, pero no quiero dejar de compartir esta imagen tomada desde el Observatorio de Izaña el atardecer del 14 de febrero del 2014, pocas horas antes de la llegada de un extraordinario temporal de nieve y hielo (del que hablaré en futuras entradas). Aquel día había algo de calima (polvo en suspensión) en la atmósfera y la Luna estaba llena. El resultado fue casi mágico:

Desde el Observatorio de Izaña hacia el Este. 14 de febrero del 2014, 18:53.

 

El Observatorio de Izaña es una buena atalaya para observar la sombra del Teide. De hecho, hay instaladas varias cámaras web orientadas a los distintos puntos cardinales, y no es raro poder contemplar el fenómeno al atardecer a través de la cámara orientada hacia el valle de Güímar, es decir, hacia el Este.
Haciendo clic aquí puedes acceder a la imágenes de estas cámaras web. Y aquí, un ejemplo reciente:


Estas cámaras almacenan imágenes cada cinco minutos, de manera que puede realizarse una animación utilizando la técnica “time-lapse” (consistente en unir las imágenes y mostrar un determinado número de ellas en un intervalo de tiempo). Esto es lo que se hizo con las capturas de la cámara web orientada al valle de Güímar el 19 de agosto del 2012. El vídeo no es de gran calidad, pero es interesante, pues permite ver por un lado cómo comienza a afectar a la isla de Tenerife un episodio de calima en niveles medios y bajos (se observa el color ocre en las capas bajas de la atmósfera contrastando con el azul de las capas altas) y, en la parte final del vídeo, cómo la sombra del Teide se proyecta sobre esa calima:

Y para finalizar, he pensado que sería bueno mostrar una foto desde el lado sombreado, porque la conjunción de la silueta del Teide con las luces del atardecer en las cumbres de Tenerife nos brinda un espectáculo de una belleza inigualable:

Atardecer desde el Observatorio Atmosférico de Izaña, 14 de febrero del 2014, 19:02. Al fondo puede verse la silueta inconfundible de las cumbres de la isla de La Palma.





¿Por qué “supranubius”?


Hola a todos. Voy a dedicar la primera entrada del blog a tratar de explicar por qué decidí darle este nombre un poco extraño. Es una palabra latina, que traducida al castellano significa literalmente “por encima (supra-) de las nubes (-nubius)”
Crece en la isla de Tenerife una  planta que, a primera vista, no nos llama mucho la atención. Tiene porte arbustivo y forma pequeños bosquetes junto a otras especies también de porte arbustivo o herbáceo. Es la retama del Teide. Quizás con ese epíteto ya nos podemos dar cuenta de que tiene algo especial: ¿Por qué “del Teide”? Se da la circunstancia de que esta especie sólo crece en las cumbres de dos islas canarias: La Palma y, sobre todo, Tenerife. Su ámbito de distribución queda circunscrito a un área de aproximadamente 200Km2 por encima de 1.800 metros de altitud, pudiendo crecer algunos ejemplares a más de 3.000 metros, en las mismas laderas del Teide.

Ejemplar de retama del Teide en las inmediaciones del Observatorio Atmosférico de Izaña.

Esta particularidad, el hecho de que sólo crezca a partir de unos 1.800 metros de altitud, ha quedado reflejado en su nombre científico: Spartocytisus supranubius. La primera palabra hace referencia al género y la segunda a la especie. Y de ahí he tomado prestado el nombre para este blog: “Supranubius”. Se llama así porque la retama sólo crece “por encima de las nubes”.
Además, hay que decirlo, es una auténtica superviviente: en invierno soporta estoicamente los envites de los fuertes vientos que azotan las cumbres canarias, con rachas muchas veces huracanadas (es decir, que superan los 120 Km/h). En ocasiones padecen episodios de lluvias torrenciales que no la benefician en nada; lo único que hacen esas lluvias tan fuertes es erosionar el terreno donde se asientan. También tiene que vérselas con el frío: los vientos fuertes vienen acompañados de temperaturas muy bajas, muchas veces por debajo de los cero grados. Si a estas condiciones ambientales le añadimos un nuevo ingrediente, la niebla, se puede acumular hielo en sus ramas (fenómeno conocido como cencellada), que crea un espectáculo visual incomparable.


Ejemplar de retama del Teide con cencellada en el Observatorio Atmosférico de Izaña, el pasado mes de enero

Hay veces que la Naturaleza supera todas las previsiones, y la acumulación de hielo y nieve es extraordinaria. Eso ocurrió a mediados de febrero de 2014 en el entorno de Izaña. Y ahí estaban las retamas. Y sobrevivieron:
Comparación del aspecto de una parcela acotada en las inmediaciones del Observatorio Atmosférico de Izaña. En la imagen superior vemos en primer plano un codeso (Adenocarpus viscosus), que suele acompañar a las retamas y, justo detrás, un ejemplar precisamente de retama. En la imagen inferior podemos observar cómo quedaron estos ejemplares literalmente sepultados por una capa de casi un metro de grosor de nieve y hielo.

Puede parecer que, desde luego, el invierno no es la estación ideal para la supervivencia de la retama del Teide. Pero el verano no es mucho más amable, ya que aparecen dos enemigos silenciosos, invisibles, pero también letales: la radiación solar y la sequedad ambiental. El adjetivo “supranubius” no es casual: mientras que las costas y medianías del Norte de Tenerife disfrutan de un clima fresco a lo largo de todo el año, con la clásica “panza de burra” (capa de estratocúmulos asociados al alisio que con frecuencia cubren los cielos en las zonas a barlovento), en las cumbres se disfruta (por decirlo de alguna manera) de más horas de sol que en ningún lugar de España. Además, la atmósfera está muy limpia por encontrarse lejos de fuentes de contaminación antropogénica, por lo que no hay apenas barreras para la radiación ultravioleta, que a partir de ciertas dosis comienza a ser nociva para los seres vivos. La retama se protege de esta radiación (y de la extrema sequedad debida a la subsidencia anticiclónica, de la que hablaré en futuras entradas) adoptando un porte reducido y minimizando el tamaño sus hojas, órganos que, además de realizar la fotosíntesis, son los encargados de la transpiración.
Pero esta austeridad se interrumpe en primavera. Una de las cosas que más me fascinan de la retama es, aparte de su capacidad de resistencia, la explosión de vida con la que impregnan el Parque Nacional del Teide en primavera, con una floración absolutamente espectacular. Flores delicadas como su fragancia que, además, tradicionalmente se han utilizado para producir miel con unas propiedades organolépticas únicas.


Retama del Teide en plena floración, primavera del 2014.

Detalle de las flores de la retama del Teide, de color rosáceo. Las flores pueden presentar esta tonalidad, aunque muchas veces son blancas.

Abeja libando en una flor de retama. La apicultura es una actividad tradicional que aún perdura en ciertas zonas del Parque Nacional del Teide.
Por todo esto, y porque me gusta la palabra, he decidido llamar “Supranubius” a este blog. Espero que en las futuras entradas (que procuraré que sean más cortas que esta) descubráis el fascinante espectáculo que tenemos sobre nuestras cabezas (o debajo de nuestros pies si tenéis la suerte de estar en lo alto de una montaña y podéis disfrutar de la incomparable belleza de los “mares de nubes”). Si se despierta en vosotros el “gusanillo” de mirar al cielo de vez en cuando, ya me daré por satisfecho.
Y como el movimiento se demuestra andando, aquí tenéis un ejemplar maduro de retama del Teide con forma anular en flor y, al fondo, por debajo, el mar de nubes. Está claro, ¿no? ¡Bienvenidos a Supranubius!